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Feliz y aliviado en meses no en años

47 o 48 problemas

Cuento  Zen

Una vez un hombre visitó a un famoso maestro Zen con el fin de obtener ayuda para unos serios problemas que había estado tratando de resolver en su vida. Le dijo al maestro que tenía muchos problemas, y luego procedió a enlistarlos todos de uno en uno. Relató que su esposa lo había estado engañando, que su hijo era un alcohólico desempleado, que odiaba su trabajo, su jefe estaba buscando una excusa para despedirlo, sus padres eran fríos y críticos  con él, sus finanzas estaban mal, sufría de artritis, etc. A medida que mencionaba todos sus problemas al maestro, los iba también  contando con los dedos , y al final de su historia de dolor, concluyó diciendo: —Así que ya ves por qué estoy tan triste, como has visto, tengo cuarenta y siete problemas!— El maestro zen cerrando los ojos, sacudió la cabeza con cansancio, y dijo: —No, tu tienes cuarenta y ocho problemas.— El hombre se sorprendió. ¿He contado mal? se preguntó. Yo podría haber jurado que eran cuarenta y siete. El maestro fija su mirada en el visitante y lentamente  respondió: —Tu problema numero  48 es que tu piensas que  no deberías tener ningún problema—. “

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Autoaceptación incondicional

A primera vista, la autoaceptación y la autoestima pueden parecer muy similares, pero realmente la autoaceptación significa que el individuo se acepta total e incondicionalmente, actúe o no de forma inteligente, correcta, o competente y al margen de si los demás le aprueban, respetan o aman.

Que el individuo puede ser aceptado, y aceptarse a sí mismo, sin ninguna referencia con respecto a los logros o que se puede aceptar a si mismo solo porque él es quien es, porque está vivo, porque existe.

La autoaceptación, que es algo mucho menos noble (y que aumenta menos el ego) que la autoestima, significa meramente que el individuo acepta los hechos de que vive una cierta cantidad de tiempo; es capaz, mientras vive, de experimentar placer y dolor; y que escoge, simplemente sobre la base de su elección a favor de vivir, permanecer vivo y disfrutar una época buena y de desarrollo.

Las personas no deben evaluar su yo o su ser en absoluto, sino solo –si, solo– sus pensamientos, sentimientos, y conductas basándose en sus metas y propósitos escogidos.

Acéptese como bueno, valioso, o digno de vivir y disfrutar simplemente porque usted es, no mida en absoluto su ego o persona, sino solo sus pensamientos, sentimientos y conductas individuales, centrándose en sus metas propósitos elegidos.

Cuando un ser humano se las arregla de algún modo para aceptarse, respetarse, en la mayoría de los casos su conducta mejora notablemente: su eficacia aumenta considerablemente, disminuye su ansiedad, culpa, depresión, y rabia y se altera emocionalmente menos.

Puedo escoger aceptarme incondicionalmente- actué bien o no, y sea aprobado o no los demás-. Puedo, por lo tanto, negarme absolutamente a evaluar mi yo, mi totalidad y mi persona. En cambio, puedo valorar mis rasgos, hechos, actos y actuaciones para propósitos de supervivencia y para disfrutar más mi vida , y no para demostrarme algo a mí mismo, para ser egoísta o probar que tengo un valor mayor o mejor que el de los demás.

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