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Miedos

Miedos

El miedo es una de las emociones humanas más básicas. Está programado en el sistema nervioso y actúa como un instinto. Desde el momento en que nacemos, estamos equipados con el instinto de supervivencia necesaria para responder con miedo cuando tenemos la sensación de peligro o nos sentimos inseguros.

El miedo nos ayuda a protegernos. Nos alerta ante el peligro y nos prepara para afrontarlo. Sentir miedo es muy natural – y útil – en algunas situaciones. El miedo puede ser como una advertencia, una señal que nos advierte que debemos tener cuidado.

Al igual que todas las emociones, el miedo puede ser leve, medio o intenso, dependiendo de la situación y la persona. Un episodio de miedo puede ser breve o puede durar más tiempo.

Cuando tenemos la sensación de peligro, el cerebro reacciona de inmediato, enviando señales que activan el sistema nervioso. Esto causa respuestas físicas, tales como un latido del corazón más rápido, respiración rápida, y un aumento de la presión arterial.  La sangre es bombeada a los grupos musculares para preparar el cuerpo para la acción física (como correr o pelear). La piel suda para mantener el cuerpo fresco. Algunas personas pueden notar sensaciones en el estómago, cabeza, pecho, piernas o manos. Estas sensaciones físicas de temor pueden ser leves o fuertes.

Esta respuesta se conoce como “lucha o huida”, porque eso es exactamente lo que el cuerpo se prepara para hacer: combatir el peligro o correr rápido para escapar. El cuerpo permanece en este estado de luchar-o-correr hasta que el cerebro recibe una señal de “todo-bien” y se apaga la respuesta.

A veces el miedo es provocado por algo que es sorpresivo o inesperado (como un ruido fuerte), aunque no sea realmente peligroso. Esto se debe a que la reacción de miedo se activa al instante – unos segundos más rápido de lo que la parte pensante del cerebro puede procesar o evaluar que está pasando. Tan pronto como el cerebro recibe información suficiente para comprender que no hay peligro (“Oh, es sólo un globo lleno – ¡menos mal!”), se apaga la reacción de temor. Todo esto puede ocurrir en cuestión de segundos.

La gente teme a cosas o situaciones que los hacen sentirse en peligro o inseguro. Por ejemplo, alguien que no es un buen nadador puede tener un miedo al agua profunda. En este caso, el miedo es útil, ya que advierte a la persona a mantenerse a salvo. Alguien podría superar este miedo, aprendiendo a nadar con seguridad.

El miedo puede ser saludable si advierte una persona para ponerse a salvo de algo que pueda ser peligroso. Pero a veces el miedo es innecesario y causa más cautela que de lo que la situación requiere.

Muchas personas tienen miedo de hablar en público. Ya se trate de dar un informe en la clase, hablar en una asamblea, recitar líneas de la obra de la escuela, o hablar enfrente de los demás, lo cual es, uno de los temores más comunes que la gente tiene.

La gente tiende a evitar las situaciones o cosas que temen. Pero esto no les ayuda a superar el miedo – de hecho, puede ser a la inversa. Evitar algo atemorizante refuerza el temor y la mantiene fuerte.

La gente puede superar los temores innecesarios dándose la oportunidad de aprender y poco a poco se acostumbra a la cosa o situación que tiene miedo de.

A menudo, la parte más difícil de superar un miedo  es comenzar. Una vez que una persona se decide enfrentarlo - y consigue el entrenamiento y el apoyo adecuados - puede ser sorprendente lo rápido que el miedo puede derretirse.

No sigas permitiendo que el miedo perjudique tu vida o tu felicidad, el miedo excesivo puede ser combatido con un adecuado tratamiento.  Acaba con el, llama hoy.

¡Llame ahora!  (735) 35 45 223

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